Dios me ha hablado, me ha enviado un mensaje poderoso a través de la primera carta a los Corintios (1Co 3,5-17), Pablo y Apolo, apóstoles de Dios en su labor justifican ante el pueblo la razón de sus prédicas, haciendo saber a la comunidad, quienes son ellos sin la voluntad de Dios.

Esto me lleva a pensar en mis acciones, hasta donde estoy cumpliendo mi labor para que Dios pueda ejercer su voluntad en mi vida. Pablo dice «Yo planté y Apolo regó, pero quien hizo crecer fue Dios». Muchas veces yo he realizado actividad, tras actividad sin ver resultados, he madrugado y trasnochado perdiendo el tiempo, dedicándolo dispersamente a hacer las cosas menos importantes y edificadoras para mi vida.

Dios me dice «Que cada uno mire cómo construye» no tanto es construir, porque definitivamente he construido, en un año que llevo haciendo esta labor, en un año que he ejecutado mi propósito de vida, he construido, sin embargo ¿Sobre qué fundamento? De allí surge la respuesta de los resultados obtenidos.

No está mal emprender el camino del crecimiento, al contrario es una obligación del ser humano velar por la construcción correcta de su vida en todas sus áreas: física, mental, espiritual, financiera, familiar…, pero ¿Con qué materiales construye su crecimiento? allí está la pregunta importante de este tema, «Yo planté y cuidé, pero Dios hizo crecer» «Yo me levanté temprano, me senté a trabajar, hice las propuestas comerciales, las envíe, pero no ha pasado nada, no me llaman, no me buscan…» ¿Dónde está Dios? ¿Si le permitiste obrar? recuerda que el hace crecer ¿Con qué calidad te levantaste? aburrido, quejándote ¿Con qué emoción te sentaste a trabajar? «con pereza» ¿Creaste tus propuestas o fueron plagiadas? «todo está creado» ¿Enviaste los mensajes suficientes? «solo a los que conozco, me dio miedo enviar a desconocidos porque me podían rechazar»… Si vez que no es hacer la actividad, porque si nos quedamos con la primera parte del «Yo hice…» hiciste la tarea, pero ¿Con qué actitud?

Dios nos observa constantemente, nos llama, nos espera, está atento para cuando tu decidas levantar tu voz, ayudarte, y está atento a tu disposición para hacer las cosas, está atento para probar tus obras, para saber de que están hechas; cada fracaso que experimentas tiene un objetivo y es pulir tu obra, para que la modifiques y utilices mejores materiales.

Por último está nuestro cuerpo, la mayor obra a transformar por nuestra parte. Pablo nos dice: «Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él» y antes «¿No sabéis que sois templos de Dios, y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?» Y me pregunto ¿Estamos trabajando adecuadamente en nuestro cuerpo? ¿Lo alimentamos correctamente? ¿Nos instruimos en las áreas donde somos más fuertes? ¿Descansamos lo suficiente?

Tus resultados dependerán siempre de tus decisiones, Dios nos ha hablado hoy y hará crecer nuestros cultivos, siempre y cuando estemos dispuestos a hacer lo que nos corresponde: Sembrar, Regar y Cuidar.

Sembrar buenas obras, creando hábitos de éxito.
Regar con constancia y disciplina, ejecutando cada día la actividad que nos corresponde para mantener los hábitos y
Cuidar con amor y determinación, sin ansiedad el trabajo realizado de cada acción emprendida.

El resultado será uno solo, Dios haciéndonos crecer y disfrutar de nuestros frutos.

Recuerda, eres responsable de tus decisiones, Dios no te castiga, el solo nos muestra el resultado de tus obras.

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